COVID 19: Secuelas y Tratamiento

Algunas personas que han contraído la enfermedad pasan unos días con síntomas leves o incluso sin síntomas y luego vuelven a su vida normal sin mayores dificultades. Sin embargo, otros pacientes sufren consecuencias más serias y algunos aún seis meses después de haber pasado la enfermedad y tras pruebas diagnósticas negativas siguen sin recuperarse.

 

Desde un comienzo el foco estuvo en cómo evitar o minimizar el contagio y en estrategias para frenar las consecuencias graves en las personas afectadas, con el fin de salvar vidas. Un año después, se suma la preocupación de las secuelas.

Desde la sanidad pública se hacen seguimientos telefónicos a contagiados y personas con PCR negativa que continúan presentando síntomas. La derivación hospitalaria se reserva para casos graves; mientras tanto, aquellos que permanecen en casa reciben indicaciones para tratar los síntomas: antinflamatorios o Paracetamol para el dolor, inhaladores en caso de dificultad para respirar, somníferos o tranquilizantes si presentan problemas para dormir. Aunque esto pueda mejorar la sintomatología del paciente, no logra resolver el cuadro.

Dificultad para respirar, tos, cansancio, dolor muscular, pérdida de gusto y/u olfato, síntomas depresivos, son ejemplos de síntomas de la enfermedad que pueden cronificarse, permaneciendo como secuelas.

Vamos a intentar entender a qué se pueden deber esos síntomas o secuelas y abrir la posibilidad de darle a nuestro cuerpo la ayuda necesaria para una buena recuperación, podríamos decir que tenemos que enfocarnos en adaptar el terreno de juego (nuestro cuerpo) a nuestro favor y no a favor del contrincante (el virus)

Disnea (Dificultad para respirar)

En su entrada en los pulmones, el virus daña los neumocitos. Tenemos 2 tipos de neumocitos: los de tipo 1 son los encargados del intercambio gaseoso en el pulmón (oxígeno por CO2). Los de tipo 2 fabrican surfactante pulmonar, que mantiene la capacidad ventilatoria de los alvéolos para que en ellos pueda ocurrir el intercambio. También tienen la capacidad de reparar, al convertirse en neumocitos tipo 1 si éstos llegaran a fallar.

Al afectar a los dos tipos de neumocitos, el virus deja a nuestros pulmones sin capacidad para intercambiar gases (ventilar) ni para reparar daños.

Ante la presencia del virus, el sistema inmune nos defiende, generando en esta “batalla” un daño inevitable en la barrera pulmonar. Con una barrera pulmonar ahora más permeable, puede pasar glucosa de la sangre a la mucosa del pulmón, proliferando bacterias que normalmente conviven en el pulmón y que se aprovechan ahora del alimento que les da la glucosa para proliferar, produciendo una neumonía. Si el paciente presentaba problemas metabólicos antes de contraer el virus, la cantidad de glucemia en sangre ya era elevada, alimentando aún más a estas bacterias oportunistas.

Además, como explicamos en nuestro artículo sobre el funcionamiento del sistema inmune, éste tiene tanto la función de atacar como de reparar. El combustible para la primera función es la glucosa, mientras que el alimento para la segunda es la grasa.

¿Cómo tratar la disnea después del COVID?

Se hace así evidente la necesidad de reducir la glucosa en sangre por dos motivos: para dejar de alimentar a los patógenos oportunistas y para que el sistema inmune pueda parar de atacar para comenzar a reparar cuando sea necesario.

Para la recuperación pulmonar también es favorable incluir paseos por la naturaleza (en lo posible sin mascarilla) cuando el paciente se sienta con energía suficiente para tolerar una pequeña caminata. En nuestro artículo sobre los baños de bosque comentamos más sobre los beneficios del contacto con la naturaleza.

Cansancio y dolor muscular

La mitocondria es el orgánulo celular encargado de producir ATP, molécula principal en la obtención de energía de nuestro cuerpo. El ATP es la moneda con la que pagamos la mayoría de las reacciones que se producen en nuestro organismo.

Durante la infección, debido al aumento de citoquinas y radicales libres, se produce daño mitocondrial, lo que reduce el ATP y la capacidad contráctil del músculo. Esto, sumado a la inmovilidad por estar en reposo, da como resultado: fatiga, dolor muscular, cansancio físico.

Como explicamos en nuestro artículo sobre la importancia del músculo, este órgano tiene una gran cantidad de mitocondrias y tiene la capacidad de donar energía al resto del organismo. Cuando está en actividad, el sistema inmune requiere una mayor cantidad de energía. Si el ATP se ve reducido como consecuencia del daño mitocondrial que genera el virus, y el paciente no tenía suficiente cantidad de músculo para proveer al sistema inmune con energía adicional, aumenta su riesgo de sufrir consecuencias graves.

¿Cómo tratar la fatiga muscular después del COVID 19?

Aún vencido el virus, las secuelas de fatiga y cansancio físico permanecen porque el músculo ya no tiene energía, ni suficientes mitocondrias para producirla.

Por lo tanto, tenemos que:

  • Estimular la mitofagia (renovación de las mitocondrias que ya han sido dañadas).
  • Estimular mitogénesis (producción de mitocondrias nuevas).
  • Proteger las mitocondrias que están aún sanas.

Para cumplir los objetivos anteriores necesitamos antioxidantes de la dieta como pueden ser la vitamina C y la vitamina E o suplementos específicos dependiendo de cada caso.

Por otro lado, es muy importante activar la vía AMPK. AMPK es un sensor nutricional que se activa con déficit energético e inicia mecanismos muy efectivos para poder obtener ATP.

  • Regula el equilibrio energético
  • Activa la descomposición rápida de grasas
  • Activa mitogénesis
  • Activa autofagia (renovación de células dañadas) y mitofagia

Si AMPK se activa con déficit energético, el mecanismo más potente que tenemos para estimular esta vía es el ayuno, la restricción calórica, el deporte (sobre todo en ayunas). También es importante una dieta que contenga los antioxidantes y polinefoles que nuestro organismo necesita, incluso suplementando en casos específicos.

Síntomas Neurológicos

El virus puede entrar en el cerebro desde la nariz pasando por el bulbo olfatorio, lo que va a producir una Neuroinflamación (activación del sistema inmune en el cerebro) para protegerlo.

Los síntomas neurológicos son variados según el área con más afectación. Apatía, tristeza, insomnio, pérdida de memoria, pérdida de gusto o de olfato, preocupación e incapacidad para dejar de pensar.

Tratamiento de síntomas neurológicos:

Cada síntoma tiene un tratamiento específico, pero como cuidados generales podemos destacar por un lado tener un buen aporte de grasas antinflamatorias provenientes de alimentos como el coco y el aguacate, y de ácidos grasos omega 3 presente en algas, pescados y moluscos.

Por otro lado, es importante tener en cuenta el eje intestino-cerebro: reducir todo lo que podamos la inflamación de nuestro intestino reducirá la inflamación del cerebro. Para esto es fundamental llevar una alimentación que evite inflamación intestinal y reducir la cantidad de ingestas al día para dar tiempo suficiente a la regeneración. El contacto con la naturaleza también es muy favorable para este fin.

Micronutrientes interesantes para incluir en nuestra dieta que favorecen al cerebro: yodo, selenio, zinc y cobre (alimentos del mar).

¿Cómo recuperar el gusto y olfato luego del Covid?

Para recuperar el olfato se recomienda oler hierbas aromáticas como el tomillo, pensando activamente en ese olor. Para recuperar el gusto, de la misma forma se aconseja comer alimentos con sabores intensos y reconocibles como el chocolate puro, pensando conscientemente en ese sabor.

Finalmente, para trabajar la memoria existe una gran variedad de ejercicios cognitivos para adultos. Así como para recuperar un músculo hay que entrenarlo, para recuperar nuestro cerebro también.

Fuentes

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